
los dias se le arrancan a uno y uno los persigue. Eso me pasa.
La semana pasada deje de lado este ejercicio, de blogerismo. Me imaginaba que el resfriado era una especie de animal que se me colgaba en las tardes de los hombros, y que me inyectaba peculiares fluidos por una de las fosas nasales, que luego eran expulsados por el que suscribe entre mezclas de asombro y sonoridades particularisimas. En ello se me iban las tardes, cansado como los cuatro jinetes que corren a francia y que corren y corren y nunca se alcanzan.
pero resucite, gracias al propoleo, a las aguitas de yerbas y a que me quede en casa en claustrado, cual anacoreta del medievo medieval.
Chicos y chicas, gracias por sus palabras buenas o malas a los poemismos mismos. Gracias a ellas, he vuelto a ellos como una anacoreta del medievo medieval que vuelve de la medievalia.
Y gracias tambien a los dias soleados, al cafe, a los libros, al sudor, a las mujeres que caminan por la calle. Todas cosas que no dejan de asombrame.
cof cof.
cambio y fuera