Wednesday, August 10, 2005

La vida de los animales

La vida de los animales.

¿Quien dice que la vida de los animales no importa?
Su carne, sus huesos, su piel son iguales que los nuestros.
No golpees al pájaro que se posa en las ramas
sus hijuelos aguardan la vuelta de su madre.

Po Chu Yi,
Chino,
772 - 846

5 comments:

FuriosaCanifru said...

¡¡¡Te amoooooooooooooo!!!!

pao-x- said...

Hay una cosa que me enternece tanto o mas que un animal: Un Niño.

Y los nimales son capaces de connmover al mas duro de los mortales... esa es la gran virtud que poseen, conozco amigos q' quiren mas a sus mascotas q a las propias personas.
te mando un link
http://www.conciencia-animal.cl

En serio que no te gusta Star wars?... vaya!, golpe bajo jajaja.

saludos.

dioshamuertoyyono said...

EN LO PERSONAL NO SOLO ME MOLESTA ESO, TAMBIEN LA DOMESTICACION DE LOS ANIMALES MI MAMA TENIA UN PAJARO ENJAULADO Y ME QUEDE CON LAS GANAS DE SOLTARLO ALGUNA VEZ.

rascateuno said...

gracias creo que saldremos el viernes
me gustan los textos que eliges aunque me cargan los animales de acuerdo con lo de cuidarlos y respetarlos
saludos

GALO said...

Nunca voy a olvidar el nombre de Josefina Sutil. Una vez publicaron una carta de ella sobre el caso Celco. Afirmaba que mucho más importante que los cisnes era que la "pobre gente" tuviera trabajo para comer comer, y que importaban esos pajaros si lo que importa es el ser humano y pura mierda de primer nivel. Escribí una carta de desquite pero nunca la mandé. Lo hizo otro en mi lugar. Me la imaginé como una vieja cuica imbécil, de las que nunca han trabajado en su vida y usan a la nana hasta para que les limpie el poto cuando cagan. Me imaginé al arquetipo de vieja saliendo de misa con el rosario en la mano.

Dos o tres dias después una amiga leía un reportaje en la revista Paula, se llamaba "La mujer más robada de Chile". Era una mujer de clase alta que vestía un chaleco de cuello subido color celeste, un collar minimo y pantalones caki. Una vieja cuica que le habían entrado a robar a la casa como quinientas veces. Su nombre: Josefina Sutil.

Ahí entendí que no importaba el que no hubiese enviado la carta.